SÍSIFO

 ANTES DE LA LECTURA

  1. ¿Qué sabes sobre la mitología griega y sus personajes?

  2. ¿Qué relación puede tener un mito con la vida cotidiana actual?

  3. ¿Qué esperas encontrar en un texto titulado El mito de Sísifo?

  4. ¿Qué emociones te genera la idea de un castigo eterno?

  5. ¿Qué preguntas te surgen al pensar en un personaje que desafía a los dioses?


EL MITO GRIEGO DE SÍSIFO

 

Sísifo fue un personaje de la mitología griega que fundó el reino de Corinto. Era tan astuto que había conseguido engañar a los dioses. Ambicionaba el dinero y para conseguirlo recurría a cualquier forma de engaño. También se dice de él, que fomentó la navegación y el comercio.

 

 

 

 

La narración cuenta que Sísifo fue testigo del secuestro de Egina, una ninfa, por parte del dios Zeus. Decide guardar silencio frente al hecho, hasta que su padre, Asopo, dios de los ríos, llega a Corinto preguntando por ella. Es cuando Sísifo encuentra su oportunidad para proponerle un intercambio: el secreto, a cambio de una fuente de agua dulce para Corinto. Asopo acepta.

 

Al enterarse, Zeus entra en cólera y envía a Tánatos, dios de la muerte, para que dé muerte a Sísifo. La apariencia de Tánatos era terrorífica, pero Sísifo no se inmuta. Lo recibe amablemente y lo invita a comer en una celda, en la que lo sorprende haciéndolo prisionero de un momento a otro.

 

Por un tiempo prolongado, nadie murió y el que ahora entra en cólera es Hades, dios del inframundo. Este último exige a Zeus (su hermano) que resuelva la situación. Zeus decide enviar a Ares, dios de la guerra, para que libere a Tánatos y conduzca a Sísifo al inframundo. Sin embargo, con anticipación Sísifo había pedido a su esposa que cuando muriera no le rindiera honras fúnebres. La mujer cumplió cabalmente con el compromiso.

 

Estando Sísifo ya en el inframundo, empezó a quejarse con Hades. Le dijo que su esposa no cumplía con el deber sagrado de rendirle honra fúnebre alguna. Hades lo ignoró en principio, pero debido a su insistencia le otorgó el favor de volver a la vida para reprender a su esposa por tal ofensa. Por supuesto, Sísifo tenía planeado de antemano no regresar al inframundo. Vivió por muchos años hasta que finalmente accedió a ser regresado por Tánatos al inframundo.

 

Estando allí, Zeus y Hades, que para nada estaban contentos con las tretas de Sísifo, deciden imponerle un castigo ejemplar. Dicho castigo, consistía en subir una pesada piedra por la ladera de una montaña empinada. Y cuando estuviera a punto de llegar a la cima, la gran roca caería hacia el valle, para que él nuevamente volviera a subirla. Esto tendría que repetirse sucesivamente por toda la eternidad.

 

MITO DE SÍSIFO- ALBERT CAMUS

 

Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales. No obstante, según otra tradición, se inclinaba al oficio de bandido.  

 

No veo en ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron en un trabajador inútil en los infiernos. Se le reprocha, ante todo, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos. Egina, hija de Asopo, fue raptada por Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Éste, que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición de que diese agua a la ciudadela de Corinto. Prefirió la bendición del agua a los rayos celestes. Por ello le castigaron enviándole al infierno.

 

Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte.  Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de manos de su vencedor. 

Se dice también que Sísifo, cuando estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su esposa. Le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza pública. Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan contraria al amor humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra con objeto de castigar a su esposa. Pero cuando volvió a ver este mundo, a gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal. Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. Vivió muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fue necesario un decreto de los dioses.  Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por la fuerza, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca.

Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo.  Lo es en tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. No se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos.

Los mitos están hechos para que la imaginación los anime. Con respecto a éste, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta.

Sísifo ve entonces como la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volverla a subir hacia las cimas, y baja de nuevo a la llanura. Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra. Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento, pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca.

 

Si este mito es trágico lo es porque su protagonista tiene conciencia. ¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito? El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo. Pero no es trágico sino en los raros momentos en que se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no venza con el desprecio. Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de más. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo.  

 

Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar.  Son nuestras noches de Getsemaní. Pero las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas. Así, Edipo obedece primeramente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento en que sabe.  Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano fresca de una muchacha. Entonces resuena una frase desesperada: “A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien”.

 

El Edipo de Sófocles, como el Kirilov de Dostoievsky, da así la fórmula de la victoria absurda. La sabiduría antigua coincide con el heroismo moderno. No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de la dicha. “Eh, ¡cómo! ¿Por caminos tan estrechos…?”. Pero no hay más que un mundo. La dicha y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables.

 

Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo. Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. “Juzgo que todo está bien”, dice Edipo, y esta palabra es sagrada. Resuena en el universo feroz y limitado del hombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres. Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso.  Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil vocecitas maravillosas de la tierra. Llamamientos inconscientes y constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte.

 

 

Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.  

Recuperado de: http://blog.pseudolog.com/article/ el-mito-de-sisifo-albert-camus


DURANTE LA LECTURA

  1. ¿Qué acciones de Sísifo muestran su astucia frente a los dioses?

  2. ¿Cómo se relaciona la actitud de Sísifo con la idea de libertad?

  3. ¿Qué simboliza la roca que debe subir eternamente?
  4. ¿Qué diferencias encuentras entre la versión mítica y la interpretación de Camus?

  5. ¿Qué emociones transmite el texto en la descripción del esfuerzo de Sísifo?

DESPUÉS DE LA LECTURA
Escoge una opción correcta:

  1. El castigo de Sísifo puede interpretarse como metáfora de:

A. La inutilidad del trabajo humano.

B. La rutina diaria que parece absurda.

C. La incapacidad de los dioses para controlar al hombre.

D. La falta de esperanza en la vida.


  1. Cuando Camus afirma que “hay que imaginarse a Sísifo dichoso”, se refiere a:

A. La resignación ante el destino.

B. La ilusión de vencer a los dioses.

C. La aceptación pasiva del castigo.

D. La posibilidad de encontrar sentido en el esfuerzo.

  1. El mito de Sísifo se relaciona con la vida moderna porque:

A. Refleja la repetición de tareas cotidianas sin aparente finalidad.

B. Representa la lucha contra la injusticia social.

C. Explica la importancia de la religión en la sociedad.

D. Justifica la obediencia a las normas.


  1. La conciencia de Sísifo durante el descenso de la roca implica:

A. Que busca ayuda en otros personajes míticos.

B. Que se resigna a la voluntad de los dioses.

C. Que pierde toda esperanza de libertad.

D. Que reconoce la magnitud de su tormento y lo transforma en victoria.


5.    El mito de Sísifo, según Camus, enseña que:

A. La vida carece de sentido y es inútil.

B. El hombre puede apropiarse de su destino a través de la conciencia.

C. Los dioses siempre tienen el control absoluto.

D. El sufrimiento es la única forma de redención.


  1. La comparación con Edipo en el texto sugiere que:

A. Ambos personajes aceptan su destino con resignación.

B. La tragedia griega es superior al mito de Sísifo.

C. La conciencia del sufrimiento puede convertirse en sabiduría.

D. El dolor humano no tiene ninguna enseñanza.


  1. El castigo de Sísifo es considerado “absurdo” porque:

A. No tiene fin ni propósito aparente.

B. Es impuesto por los dioses sin razón.

C. Se repite solo en la mitología griega.

D. No afecta a la vida de los mortales.


  1. La interpretación de Camus convierte a Sísifo en un “héroe absurdo” porque:

A. Desafía a los dioses con valentía.

B. Ama la vida a pesar de su tormento.

C. Se niega a aceptar la muerte.

D. Busca la felicidad en la obediencia.


  1. El mito de Sísifo puede servir como reflexión crítica sobre:

A. La importancia de la religión en la sociedad.

B. La inutilidad de la filosofía moderna.

C. La necesidad de obedecer las normas divinas.

D. La condición humana frente al trabajo repetitivo.


  1. La frase “su destino le pertenece, su roca es su cosa” significa que:

A. El hombre puede apropiarse de su sufrimiento y darle sentido.  

B. La roca simboliza la derrota inevitable.

C. El destino humano está controlado por los dioses.

            D. La vida carece de valor frente a la muerte.


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